Un registro profundo y necesario sobre la dolorosa realidad que enfrentan las Madres Buscadoras de Chiapas. Este texto y video documenta, del 17 de mayo al 21 de mayo 2026, el hallazgo de un crematorio clandestino, fosas y las evidencias de un horror que exige no ser olvidado.
Texto y fotos: Mariana Morales y Damián Sánchez
Las Madres Buscadoras de Chiapas descubrieron una narcofosa con huesos calcinados en lo que dijeron podría ser, un sitio de exterminio y adiestramiento en un rancho asegurado y en sus cañaverales, en la localidad San Francisco Pujiltic, municipio Venustiano Carranza, al centro de Chiapas.
El rancho fue asegurado en diciembre pasado por la Fiscalía General del Estado, por el delito relacionado a la desaparición de personas, según dijo a Chiapas, Crímenes Sin Resolver, el fiscal general, Jorge Luis Llaven Abarca.
Junto al periodista, Damián Sánchez acompañé a las Madres Buscadoras de Chiapas, durante estos cuatro días de excavación, del lunes 17 de mayo al jueves 21 de mayo 2026, donde con picos, palas, machetes y retroexcavadora, las mujeres cavaron hasta llegar a los huesos calcinados, carbonizados y esparcidos en la profundidad de la tierra.
Mira aquí el video de nuestros cuatro días de búsqueda: https://www.youtube.com/watch?v=_O2ATj_NQ4I
También se halló restos humanos y algunas prendas de vestir en la zona de cañaverales, ubicado en la parte trasera del rancho. La caña de azúcar que de aquí se siembra es vendida al Grupo mexicano Zucarmex, para consumo humano.
“Aquí hay partes de cráneo, los dedos, costillas”, lamentó durante el primer día de excavación, Liliana, madre de Luis y Marvin Nanga Pérez, desaparecidos el 28 de febrero del 2024 en Chiapa de Corzo, mientras sostenía un montoncito de huesos de casi 6 centímetros de largo.

Las Buscadoras descubrieron la primera narco fosa en la parte trasera del rancho, tras notar que había un hundimiento de tierra en forma de esfera de casi metro y medio de diámetro. Aquí la retroexcavadora cavó hasta 3 metros de profundidad.
El segundo punto fue en el mismo inmueble, pero en la parte trasera, a dos minutos de distancia del primer hallazgo. En este espacio había pequeños hundimientos de tierra, como del tamaño de una pelota de fútbol, se excavó medio metro. De aquí salió de un diente molar, algunas prendas de vestir, un pantalón, sudadera tipo táctico, una sandalia de una niña de al menos dos años de edad, un boxer y un zapato calcinado.


El tercer punto fue en la zona de cañaverales, donde los trabajos de excavación de las buscadoras se limitó a hacer pequeños huecos, porque autoridades de la Fiscalía General del Estado se opusieron a que se continuara. Aquí se encontró al menos tres restos humanos, confirmados por una forense de la Fiscalía General del Estado, quien acompañó esta búsqueda.





“Da temor, no sabemos cuántos desaparecidos hay, los huesos están quemados y triturados, se siente un olor a cal, diesel y ácido. Esta mezcla de químicos lo hacen para que no queden rastros de las personas, y sea más difícil encontrar el ADN del o la desaparecida. Esto es un horno humano, el primero que encontramos como colectiva en Chiapas”, agregó Liliana.
“Hay como 200 gramos (de huesos de personas)”, indicó Isabel Torres, madre de Casandra Arías Torres, desaparecida en diciembre del 2022 en Berriozábal, hincada frente a un plástico negro donde colocaban los restos.
En el tercer día de excavación, Yoslín Chavarria, hija de Víctor Chavarria, desaparecido en mayo del 2023 en Tuxtla Gutiérrez, dijo: “los desaparecieron dos veces, al llevarlos, luego quemarlos y triturarlos. Yo no sé si estoy levantando de aquí a mi papá”.
“Mira cómo quedaron mis manos, rasposas, se ve que les soltaron algún químico a las personas para desaparecerlas por segunda vez”, dijo Edith Dominguez, quien en julio pasado encontró en una fosa a su hijo, José Manuel Hernández , pero continúa acompañando a las buscadoras.
“No entiendo cómo un ser humano puede cortar un brazo, luego una cabeza, un pie, una mano”.
Durante el primer día de excavación, los caninos de Protección Civil no detectaron los restos humanos, “se debe a que es tanto el olor a químico que se pierde el rastro”, dijo un militar que acompañaba esta búsqueda.
Los rayos de sol no impidieron para que las Buscadoras continuaran las labores y hallaran otro punto. En lo que parecía un cerro de basura quemada, también había fragmentos óseos.
Jazmin Navarro, madre de Luber Humberto Castellanos Navarro de 18 años, desaparecido el 31 de enero de este 2026 en Arriaga, levantó entre la basura pedazos de hueso carbonizado, para colocarlos en un plato de unicel.
“Es increíble cómo de unos meses para acá, esto me cambió la vida”, lamentó.




Las moscas rodeaban a ratos este rancho y los alacranes se paseaban por la tierra seca.
Para excavar, las buscadoras tuvieron que esperar la retroexcavadora que llegó hasta el tercer día, porque a decir de las autoridades que acompañaban, el Alcalde de Venustiano Carranza, Francisco Augusto Borraz Ayar, no la quiso prestar, y en los primeros días, nadie más tenía este tipo de herramienta.
Para llegar hasta este sitio, hay que adentrarse hasta por 15 minutos en una zona de terracería repleta de cañaverales y canales de agua. Antes, hay talleres mecánicos, bodegas abandonadas donde se guardan maquinaria vieja. En la carretera hay “halcones”, en motocicletas que vigilan.
“Hace años había una publicación en internet donde contrataban gente para trabajar ahí en Pujiltic, quién sabe si para trabajar en la caña o para ser reclutado ahí en ese rancho”, me dijo un poblador bajo condiciones de anonimato.
Las paredes de este inmueble estaban agujereadas por balas, había cuatro regaderas al aire libre, tambos azules también impáctados por armas de alto calibre, casquillos esparcidos por todo el suelo. Las autoridades del estado que acompañaron esta búsqueda de campo encontraron una plaquita de un militar de la SEDENA, que decía: “Miguel Angel Elias Mayo 0-6395077 O Positivo”. Hasta hoy, no se sabe si este militar fue desertor, o está desaparecido.



¿Cree que aquí continúan enterrando cuerpos? le pregunté a un militar.
No lo sé, pero lo que sí sé, y se nota, es que sigue siendo usado como zona de tiro.





Fotos: Mariana Morales




